¿Hay límites a la transformación?

Ojalá

Por: Oscar Glenn

Tuvimos el fin de semana para procesar, criticar, debatir y hasta hacer memes respecto a la quinta propuesta del Presidente de México para deshacerse del Avión Presidencial, de rifarlo a través de la venta de seis millones de boletos de la Lotería Nacional, con un precio de quinientos pesos cada uno, para que -según sus cálculos- de ser necesario este método, así se resolviera el problema en que se convirtió cumplir una promesa de campaña: acabar con los símbolos de la corrupción y el despilfarro (así sea despilfarrando más).

Y según ratificó este lunes el Presidente en “la mañanera”, esa es a su criterio y el de sus colaboradores, buena idea, aunque en el mejor de los casos quizá no tenga que llegar a ello.  ¿Es capaz de intentarlo? Si. ¿Tendría algún inconveniente con la Ley o con las atribuciones para su presidencial rifa? No creo y quizá no importa.

Si vimos en el 2019 como se encargó al Secretario de Relaciones Exteriores la compra en el extranjero de cientos de Pipas (671 dicen) para trasladar gasolina por tierra, luego que se decidiera cerrar los ductos para evitar el robo de combustible; o cancelar un proyecto aeroportuario basado en consultas arbitrarias y avalar e iniciar la construcción de otro sin plan maestro ni estudios de factibilidad; vender un avión que el gobierno mexicano adquirió en arrendamiento financiero es cosa de niños, parece.

No importa porque proporcionalmente vista, esa rifa podría ser la menor de las “genialidades” que la cuarta transformación genera. Preocupa que apenas rebasado un año de gobierno algunos integrantes de esta legión de la Cuarta Transformación crean que todo lo pueden, todo lo saben y con su palabra santifican cualquier cosa.

Hay que poner atención en cómo algunos están perdiendo la dimensión de las cosas y obnubilados por el poder, llegan a desatender sus propios preceptos de “austeridad republicana”, tal como la Secretaría de la Función Pública siendo la dependencia encargada de combatir la corrupción en este país, decide asignar más del 90% de sus contratos de 2019 por adjudicación directa y no por licitación, haciendo de la excepción la regla.

Tampoco hay que quitar la vista de cómo la Fiscalía General de la República intenta proponer con la aparente idea de volverse más eficaz, una reforma para ganar “superpoderes”, recabar información incriminatoria por métodos dudosos y perseguir sin límites, pasando incluso sobre la presunción de inocencia de los ciudadanos, para conseguir sus fines.

Cada vez son más osados algunos de los correligionarios del Presidente creyéndose legítimos, a estos se suma el Líder  de los Senadores de MORENA, Ricardo Monreal que plantea una iniciativa para evitar los amparos que frenan proyectos considerados prioritarios para el Gobierno de México y evitar –dice-  perjuicios al interés social, cuando se impida o interrumpa la ejecución de obra pública e infraestructura en materias de educación, salud, seguridad pública, seguridad nacional, o servicio público que impacte directamente en el bienestar de las personas.

Por lo visto ya le quiere hasta ahorrar el trabajo a la Suprema Corte. Le debería preocupar primero a Monreal que no se hicieran obras ni se tomaran decisiones por encima de la Ley, tal como lo prometieron, y ante la mínima posibilidad que así fuera, la gente que se sienta afectada pueda defenderse. Preocupa mucho el que un legislador dedique tiempo o insinúe siquiera una reforma para anular uno de los mecanismos más valiosos que existen para procurar que se cumpla la ley e impere la justicia.

Creen que pueden y se vale. ¡Ojalá que no!

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